
Hoy, retornando a casa tras una visita al Consulado español en Santo Domingo, un programa de radio emitió un anunció sobre la necesidad de poner fin a las Balas Perdidas…” No más disparos al aire “
Cada vez que hablamos sobre Balas Perdidas, en realidad, deberíamos decir Balas Encontradas.
Una bala perdida, no es más, que una bala disparada por alguien que encontró un destinatario. Si la bala estuviese perdida, nadie hablaría de ella. Ningún medio de comunicación se haría eco del acontecimiento y todo seguiría su curso normal. La vida continuaría su fluir, y ninguna familia lloraría la perdida de un ser querido.
Hasta que no llegue a RD, nunca había oído hablar de Balas Perdidas. Aquí, el vocablo se ha convertido en familiar. Tremendamente familiar. Dramáticamente familiar.
Por lo normal, las balas perdidas se cobran victimas. Entran por las paredes de madera, atraviesan las chapas de cinc y buscan a su victima entre la población más desfavorecida, en los sectores más pobres, en los barrios más marginales, en los más desprotegidos.
Por lo normal, las balas perdidas no visitan los barrios pudientes, no son amigas de los ricos , por lo general, tienen predilección por los niños y los ancianos, a pesar de que, también a veces, se cobran la vida de un adulto.
La susodicha emisora repetía… ” No más disparos al aire “
Y yo digo, ni al aire ni a ningún lugar.
Hasta que no se deje de disparar habrán Balas Perdidas.
Y encontraran su destino: un ser humano asesinado por la barbarie de un delincuente , un policía ó cualquier otro desalmado en posesión de un arma mortífera.
“NO MAS DISPAROS”-“ NO MAS ARMAS “
Martes 5 de diciembre de 2006
Otra bala perdida mata a niña en Los Alcarrizos
Santo Domingo Oeste. Una bala perdida volvió a cobrar otra víctima con la muerte de Yokasty de la Rosa, una niña de nueve años quien la noche del domingo recibió un disparo en la cabeza.
Yokasty residía en la calle Primera No. 12, en El Chucho de Los Alcarrizos, y cuando sucedió el hecho, al promediar las 9:00 pm, jugaba junto a su hermana gemela en el patio de su casa. De pronto se desplomó fulminada por la bala, narra su padrastro Bolívar Figuereo, quien explicó que "cuando corrí ya estaba muerta".
Diosmelibre

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