Cada año por estas fechas se renueva el auténtico Carnaval, el carnaval de los fastuos, de las hipócresias, de las felicitaciones a aquellos que poco nos han importado a lo largo del año.Cuando faltan pocos dias para la Navidad, comenzamos a recibir felicitaciones y empezamos a pensar en quienes seran los destinatarios de nuestras felicitaciones, en primer lugar aquellos que no remitieron la suya, luego los que tenemos en nuestra agenda como los mas usuales... nos parecen pocos y empezamos a ver la lista de contactos, añadimos y añadimos hasta completar una lista que nos parece aceptable.
El resultado, un 75 % de felicitaciones a personas que solo contactamos por Navidad. Pura hipocresia.
Nda sabemos de sus vicisitudes, de sus sufrimientos, de sus alegrias, de sus necesidades durante todo el año, pero ahora toca felicitarles.
Luego, doce meses más de olvido.
Jodida Navidad, patético Carnaval de imbecilidades. Majestuoso panorama de jodidas pretensiones, abánico de inútiles deseos que renovamos dias más tarde con la llegad del fin de año.
Brindis por una vida mejor, deseos de superación, promesas de nuevos sueños...
Ni doce horas dura este Carnaval, el día dos de cada año, cuando despertamos de la corta noche de jolgorio ( si lo hubo, la crisis es más brutal que antaño ), ya ni n s acordamos de lo dicho, de los brindis a la graderia.
Comienza de nuevo, EL CARNAVAL DE LA VIDA.



